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Sensibilidad A La Insulina Y El Sueño, O La Falta Del Mismo

Estudio tras estudio alrededor del mundo, correlacionan las ramificaciones de la privación del sueño con la sensibilidad a la insulina.

El resultado es claro: perder el sueño afecta la capacidad del cuerpo para igualar la respuesta a la glucosa / insulina. Dormir no siempre es una prioridad, especialmente para la población joven. Sin embargo, la falta de sueño se relaciona con la resistencia a la insulina sin que haya secreción de la misma (1). Esto aplica tanto para el sueño de ondas lentas (SWS por sus siglas en inglés), el sueño más profundo y reparador, como para la pérdida de horas de sueño en general. Ambos tipos de pérdida aumentan la actividad cerebral en áreas asociadas con el estímulo alimentario. Esto tiene sentido ya que la evidencia muestra que el hambre, el apetito y los niveles de grelina aumentan. Mientras que los niveles de leptina disminuyen con la pérdida de sueño.

El riesgo relativo (RR) de desarrollar diabetes con menos de, o igual a 5 ó 6 horas de sueño, oscila entre 1.57 y 1.84. Los meta-análisis de varios estudios en personas evidenciaron estos hechos. Mientras tanto, el RR de desarrollar diabetes tipo 2 con antecedentes familiares oscila entre 1.7 y 2.3 (1). Cinco horas por noche durante sólo una semana causa una reducción significativa en la sensibilidad a la insulina (2). Un estudio de cohorte de la universidad Penn State (4) le dio seguimiento a 1000 hombres durante 14 años y a 741 mujeres durante 10 años. El riesgo de mortalidad fue del 21% para los hombres y del 5% para las mujeres. El riesgo de los insomnes de desarrollar diabetes tipo 2, fue “casi tres veces más alto” cuando la polisomnografía verificó menos de 5 horas de sueño (3).

¿Qué tan poco es demasiado poco?

La conexión entre la restricción parcial del sueño y las alteraciones en el metabolismo de la glucosa, se ha establecido desde hace bastante tiempo. Sin embargo, es posible que debamos redefinir el significado de la restricción parcial. Los resultados negativos aparecen a partir de las 5 horas de sueño (4). Algunos estudios utilizan incorrectamente menos de 6 horas como parámetro. En consecuencia, esto representa sólo una pequeña fracción de la población.

Si piensa que esto significa que no dormir una noche o dormir una hora menos está bien, mejor piénselo de nuevo. Un estudio del 2010 publicado en el diario Diabetes Care, mostró que 7 diabéticos tipo 1 sufrieron resistencia periférica a la insulina después de sólo una noche de cuatro horas de sueño (5). Además, 19 hombres sanos con peso normal perdieron una hora y media de sueño diario durante 3 semanas y vieron cambios en la sensibilidad a la insulina. También se observaron variaciones de los niveles de leptina y del peso corporal (6). Una muestra representativa de 771 participantes Daneses mostró que aumentar el sueño en 1 hora estaba correlacionado con una reducción del 25% del riesgo de alteración de la regulación de la glucosa. También mostró una reducción del 0.3 mmol / mol en HbA (1c) (7).

Hay conceptos erróneos sobre la quema de más calorías al pasar más tiempo despierto. La diferencia por hora en comparación con dormir, promedió alrededor de 17 kcal. El riesgo del aumento del hambre y la ingesta de alimentos, así como la reducción de la actividad física en general debido a la fatiga, deben ser considerados.

La pregunta es: ¿cuánta de esta propensión al insomnio, o el deseo de quedarse despierto hasta tarde, tal vez incluso trabajar turnos nocturnos, es genética?

En 2013, un estudio realizado en Finlandia reunió a más de 4000 participantes. Se encontró que aquellos que se consideraban “nocturnos” tenían 2.5 más probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 (2) en comparación con las personas “diurnas”. Aparentemente, ni la duración del sueño, ni la suficiencia del mismo tienen influencia alguna. Hay personas con variantes específicas de genes circadianos con preferencias nocturnas que también han demostrado resistencia a la pérdida de peso, además de la susceptibilidad al síndrome metabólico y a la diabetes tipo 2 (5). No sólo eso, sino que se ha encontrado que “la heredabilidad del índice de masa corporal se incrementa en los que duermen poco” (1).

Esto no significa que deba dormir más.

Aparentemente “dormir mucho”, o más de 9 horas de sueño, puede conllevar a “niveles  más altos de insulina en ayunas y a los120 minutos, y glucosa a los 120 minutos, evaluación del modelo homeostático (HOMA), así como a un menor índice de sensibilidad a la insulina”(8).

Por supuesto que el sueño en la mayoría de estos estudios fue auto-reportado. Pero la idea central aquí, parece ser que quienes duermen por largas horas en realidad duermen mal. Estas personas se quedan más tiempo en la cama, como un intento de compensar la mala calidad del sueño que tienen.

La fatiga provocada por otra condición no diagnosticada también ha sido conjeturada. Pero tenga en cuenta que quienes duermen de más, suelen ser menos activos físicamente. Además, hay pruebas que indican que el sueño prolongado predice la incidencia de la diabetes. Esto debe ser tomado en cuenta. Después de todo, sólo “un incremento de 1 punto en la calidad del sueño, se asoció con un aumento del 2% tanto en el índice de sensibilidad a la insulina (00120), como en la evaluación del modelo de homeostasis de la sensibilidad a la insulina. También se dio una disminución del 1% en la evaluación del modelo de homeostasis de la función de las células B.” (9)

Por lo tanto, considere la calidad, a la hora de cambiar sus hábitos de sueño. La privación del sueño causa algunos daños tales como la disminución de la sensibilidad a la insulina y otros problemas metabólicos. Afortunadamente, el sueño de recuperación puede revertir algunos de los daños. Si necesita mejorar los suyos, comience por ir a la cama una media hora antes cada día, o simplemente acuéstese a una hora razonable cada noche.

 

Referencia

(1) Copinschi G, Leproult R, Spiegel K., The important role of sleep in metabolism; Front Horm Res. 2014;42:59-72. doi: 10.1159/000358858

(2) Sirimon Reutrakul and Eve Van Cauter, Interactions between sleep, circadian function, and glucose metabolism: implications for risk and severity of diabetes, annals of the New York Academy of Sciences, Volume 1311, The Year in Diabetes and Obesity pages 151–173, April 2014

(3) Alexandros N. Vgontzas, MD et al., Insomnia with Short Sleep Duration and Mortality: The Penn State Cohort; Sleep VOLUME 33, ISSUE 09

(4) Michael A. Grandner, Subhajit Chakravorty, Michael L. Perlis, Linden Oliver, Indira Gurubhagavatula, Habitual sleep duration associated with self-reported and objectively determined cardiometabolic risk factors; Sleep Medicine Volume 15, Issue 1 , Pages 42-50, January 2014

(5) Esther Donga, MD et al., Partial Sleep Restriction Decreases Insulin Sensitivity in Type 1 Diabetes; Diabetes Care. Jul 2010; 33(7): 1573–1577.

(6) Robertson MD, Russell-Jones D, Umpleby AM, Dijk DJ, Effects of three weeks of mild sleep restriction implemented in the home environment on multiple metabolic and endocrine markers in healthy young men; Metabolism. 2013 Feb;62(2):204-11. doi: 10.1016/j.metabol.2012

(7) Byberg S1, Hansen AL, Christensen DL, Vistisen D, Aadahl M, Linneberg A, Witte DR., Sleep duration and sleep quality are associated differently with alterations of glucose homeostasis; Diabet Med. 2012 Sep;29(9):e354-60. doi: 10.1111/j.1464-5491.2012.03711.x.

(8) Pyykkönen AJ1, Isomaa B, Pesonen AK, Eriksson JG, Groop L, Tuomi T, Räikkönen K., Sleep duration and insulin resistance in individuals without type 2 diabetes: the PPP-Botnia study; Ann Med. 2014 Aug;46(5):324-9. doi: 10.3109/07853890.2014.902226.