La explicación del Skinny Fat

Es algo de toda la vida: no se puede juzgar un libro por su portada.

Es cierto para los libros, y más aún para los nuestros clientes y pacientes. Puede ser difícil mantener la mente abierta cuando vemos a alguien cuyo aspecto puede asociarse fácilmente con el exceso de comida y estilo de vida sedentario, y a quien podemos tomar de ejemplo típico del síndrome metabólico, incluso cuando vimos sus análisis de sangre.

No obstante, como a menudo suele pasar, los datos nos pueden sorprender. Hay gente obesa con los perfiles metabólicos que pueden considerarse sanos (1), que normalmente se denominan “obesos metabólicamente sanos”. Pero más común que eso son las personas que representan el fenómeno que se conoce como “skinny fat” o FFGD: flaco por fuera, gordo por dentro. Esto significa que tienen el peso normal, pero sus perfiles metabólicos son los que normalmente se asocian con la obesidad y el síndrome metabólico. En este caso estamos hablando de la “obesidad en el peso normal” (2).

Si nos basamos solo en el IMC (índice de masa corporal), una persona obesa pero que tiene un peso normal puede ser clasificada como “sana”. Pero cuando tenemos en cuenta la composición corporal, que tiene más importancia clínicamente (3), resulta que esa gente tiene las proporciones no saludables de grasa versus masa magra y pueden tener relativamente más grasa acumulada en los depósitos viscerales en comparación con la capa subcutánea, incluyendo el hígado, como se ve con el reconocimiento creciente de la enfermedad hígado graso no alcohólico (4) en la gente con el peso normal.

Por las razones genéticas o simplemente por tener suerte, hay gente que parece estar protegida de la acumulación del exceso de grasa corporal. Pero solo porque esa gente sigue siendo delgada y su físico refleja los ideales estéticos occidentales de hoy en día, no quiere decir que sus dietas y estilos de vida poco saludables no les hacen daño por dentro. En el contexto clínico, estos pacientes pueden presentar un rango de signos subjetivos y directamente medibles de la intolerancia a los carbohidratos, inflamación y dislipidemia. Los números no mienten: las pruebas de laboratorio pueden darnos mucha información que no se refleja en el espejo.
Estos signos pueden incluir algunos de los sellos del síndrome metabólico aparte del exceso de grasa y obesidad abdominal: elevación de niveles de azúcar en la sangre en ayunas, hemoglobina A1c, triglicéridos, proteína C reactiva, pequeñas pero densas partículas LDL, HDL reducido e hipertensión. Subjetivamente, como lo reportan los pacientes, los síntomas pueden incluir diversas cosas asociadas con el pobre control de glucosa, tales como bajones de energía, la “mente nublada”, cambios de humor, irritabilidad y signos de hipoglicemia cuando se atrasan o se saltan las comidas.

Los estudios indican que muchas más preocupaciones de salud por otra parte idiopáticos, pueden ser relacionados con una dieta pobre en los obesos con peso normal, variando desde acné y hasta problemas de vista, e incluso pérdida de pelo en el patrón masculino (5). Los estudios que observan la falla cardiovascular demostraron que los obesos con el peso normal (que padecen del síndrome metabólico) tienen un riesgo mucho más elevado que los obesos metabólicamente sanos (6). De hecho, mientras el IMC de por sí no tiene ninguna asociación con el riesgo de fallo cardiovascular, los individuos obesos o con sobrepeso que no padecían del síndrome metabólico tenían como mínimo el menor riesgo en un horizonte de 6 años, en comparación con los individuos con el peso normal pero que padecían del síndrome metabólico.

Las mujeres en la edad de post-menopausia con obesidad en peso normal mostraron un nivel del estrés oxidativo más elevado comparado con las mujeres obesas pero sanas metabólicamente (7).

Además, debido a la influencia que tiene insulina en la aromatasa (8) y por consiguiente en los niveles de estrógenos y testosterona, resistencia a la insulina en los obesos con el peso normal debería considerarse como un factor subyacente en las enfermedades relacionadas con las hormonas, tales como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), hiperplasia benigna del útero y de la próstata y ginecomastia. Intentar arreglar esos desequilibrios hormonales sin identificar y atender a la causa principal es como intentar sacar el agua del barco roto sin tapar primero el orificio, o sea, mientras prestamos toda la atención a los síntomas, el problema sigue presente y sigue haciendo daño.

El hecho que un grupo tan diverso de las presentaciones clínicas puede ser asociado con la hiperinsulinemia e inflamación, que muy probablemente son inducidos por una dieta rica en carbohidratos y cereales, pobre en grasa y/o alta en grasas no deseables, demuestra que un exceso de la grasa corporal es sólo uno de los resultados de las recomendaciones dietarias convencionales desacertadas de los últimos cincuenta años. La gente que se escapa del destino de ganar el peso no es inmune a la miríada de otros efectos sobre la salud que tiene una dieta pobre. Y, de hecho, falta de las “pruebas” físicas de esos efectos puede dificultar los intentos de ayudar a esos pacientes a ver la conexión entre sus preferencias dietarias y una salud menos que óptima.

Así pues encontramos parte de la verdad en un proverbio antiguo: la belleza está en el interior.

Coach Charles R. Poliquin.

 

Referencias:

1) Phillips CM, Dillon C, Harrington JM, McCarthy VJ, Kearney PM, Fitzgerald AP, Perry IJ, Defining metabolically healthy obesity: role of dietary and lifestyle factorsPLoS One. 2013 Oct 17;8(10):e76188. doi: 10.1371/journal.pone.0076188

2) Abel Romero-Corral, Virend K. Somers, Justo Sierra-Johnson, Yoel Korenfeld, Simona Boarin, Josef Korinek, Michael D. Jensen, Gianfranco Parati, and Francisco Lopez-Jimenez,  Normal weight obesity: a risk factor for cardiometabolic dysregulation and cardiovascular mortality, Eur Heart J. Mar 2010; 31(6): 737–74

3) Oliveros E, Somers VK, Sochor O, Goel K, Lopez-Jimenez F, The concept of normal weight obesity, Prog Cardiovasc Dis. 2014 Jan-Feb;56(4):426-33. doi: 10.1016/j.pcad.2013

4) Yki-Järvinen H, Non-alcoholic fatty liver disease as a cause and a consequence of metabolic syndromeLancet Diabetes Endocrinol. 2014 Apr 7. pii: S2213-8587(14)70032-4. doi: 10.1016/S2213-8587(14)70032-4

5) Cordain L, Eades MR, Eades MD, Hyperinsulinemic diseases of civilization: more than just Syndrome XComp Biochem Physiol A Mol Integr Physiol. 2003 Sep;136(1):95-112

6) Voulgari C, Tentolouris N, Dilaveris P, Tousoulis D, Katsilambros N, Stefanadis C, Increased heart failure risk in normal-weight people with metabolic syndrome compared with metabolically healthy obese individuals, J Am Coll Cardiol. 2011 Sep 20;58(13):1343-50. doi: 10.1016/j.jacc.2011.04.047

7) Kim M, Paik JK, Kang R, Kim SY, Lee SH, Lee JH, Increased oxidative stress in normal-weight postmenopausal women with metabolic syndrome compared with metabolically healthy overweight/obese individualsMetabolism. 2013 Apr;62(4):554-60. doi: 10.1016/j.metabol.2012.10.006

8) Williams G., Aromatase up-regulation, insulin and raised intracellular oestrogens in men, induce adiposity, metabolic syndrome and prostate disease, via aberrant ER-α and GPER signallingMol Cell Endocrinol. 2012 Apr 4;351(2):269-78. doi: 10.1016/j.mce.2011.12.017